José María Álvarez

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ
Músico y director de bandas
Corme Aldea, Corme (Ponteceso), 28/12/1905 – Neaño, Cesullas (Cabana de Bergantiños), 01/05/1977

En el lugar natal de José María Álvarez Canto, Corme Aldea, en cada casa había al menos un músico de banda. En su familia no fue diferente, pues pertenecía a una estirpe musical que se transmitía de generación en generación. Desde muy pequeño, estuvo ligado a la música: con tan solo seis años ya acompañaba las procesiones de las fiestas locales tocando un tamboril con la Banda de Corme.
Cuenta la anécdota que un día, cansado de caminar durante las procesiones, se sentó en un corral, y su padre le dijo:
«Levántate, que te doy una patada en el trasero.»
La música, aprendida primero de oído y luego a través del solfeo, lo acompañó toda su vida. Incluso durante el servicio militar fue corneta del Rey. Fue músico y director de la Banda de Corme, y más adelante dirigió otra banda en Coristanco, donde también fundó una orquesta.
De su paso como maestro musical por la tierra de la patata, quedan versos como estos de la poetisa Asunción Antelo Suárez, la Rexubeira de Bergantiños:
Sentía ensaiar os músicos
cando ía pra Carballo:
eran os Soanes da Miñata
e os Naias de Carantos.

Posteriormente, se instaló en Neaño, donde compró una taberna-casa de comidas. Allí hizo su vida definitiva en Cabana de Bergantiños, donde entabló amistad con el sacerdote y folclorista Saturnino Cuíñas Lois. De esa relación nació el Himno a San Fins do Castro, con letra y música de Cuíñas y arreglo para banda a cargo de José María.
Su vecina, la poetisa María Baña Varela, lo inmortalizó en la literatura popular con estos versos, recordando su presencia y la de sus músicos en la romería de Santa Margarida de Baneira (Corcoesto):
E estaba José María,
dirixindo na orquestra,
tocando no pasodobre,
que era a alegría da festa.
José María Álvarez fue uno de los grandes referentes musicales de la Costa da Morte como músico polifacético y director de bandas. Dominaba todos los instrumentos de viento y percusión, componía música para todos los integrantes de una banda y fue un auténtico maestro del acordeón.

Aprendió a tocar este instrumento en Corme, con un pequeño acordeón de botones. Más tarde, llegaron a sus manos varios acordeones piano, algunos comprados en Ferrol con el dinero que le prestó su madre, y otros recibidos como regalo de su esposa.
En Neaño, una vez dejó la dirección de bandas de música, comenzó a impartir clases de acordeón. Entre sus alumnos destacaron Jacinto de Borneiro y Manolo de Ovidio. Además, fue el alma de las tardes de baile en el salón del Burreiro, donde tocaba el acordeón acompañado por Lelo de Pedra Cuca a la batería y Anselmo Cousillas al clarinete, que “lo hacía hablar”.
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