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Femín Calvo Gómez

Fermín Calvo Gómez nació en Silvarredonda pocos meses antes del inicio de la Guerra Civil española. Como todo niño de la posguerra, su vida no fue como la de cualquier chaval de hoy. Apenas pudo ir a la escuela. Lo haría ya siendo un mozalbete. Y desde muy joven tuvo que trabajar en casas de labradores para ganarse el sustento. A la hora de comer, no se sentaba en la mesa de los amos, sino que comía en un taburete en medio de la cocina, clara muestra de la separación de clases sociales entre un criado y los dueños.

Con el tiempo, la situación mejoró, y en unos pocos meses asistió a la escuela en Silvarredonda. Por la vergüenza que sentía, al ser mayor que el resto, aprendió rápido las cuatro reglas básicas para defenderse en la vida de entonces.

Después, empezó como leñador cortando madera en los montes de Bergantiños. En aquella época, la madera era muy valorada y se transportaba en barcos de cabotaje desde la ensenada de A Insua o el puerto de Corme.

Otro oficio que desempeñó Fermín fue el de cantero. Comenzó, como todos los muchachos, subiendo barro mezclado con agua a la cabeza por las escaleras para dar masa a los canteros. Pronto dejó esta dura tarea y aprendió ya a trabajar con la piedra. Una de sus labores como cantero era tallar las piedras (muelas) de los molinos, hoy en día abandonados.

Como muchos habitantes de Bergantiños, Fermín Calvo también sufrió la lacra de la emigración. Se fue en tren con toda la ilusión, pero la realidad le hizo despertar del sueño: lo que pensaba que sería un palacio era una barraca; y nada más llegar, ya tuvo que ponerse a trabajar.

Durante el siglo XX, Bergantiños fue un paraíso de poetas populares. Entre ellos, destacan especialmente los regueifeiros. Uno de ellos es Fermín Calvo Gómez, conocido en el mundo de la regueifa como Fermín da Feira Nova, por ser este el lugar de Coristanco donde se casó.

Descubrió el mundo de la regueifa en los trabajos comunales de las aldeas de Bergantiños, que acababan en fiestas o foliada. Así, en las hiladas de lino y lana observaba a hombres y mujeres que cantaban. Cuando había fiestas de pandereta en cualquier calle, también prestaba atención. En las reuniones para cargar piedra para las casas o nichos de cantería escuchaba a canteros y carreteros. Fermín recuerda cómo en aquellos tiempos había mujeres que regueifaban mejor que los hombres, pero por ser mujeres, les daba vergüenza competir con ellos en público.

Fermín Calvo es hoy historia viva de la regueifa en Bergantiños y Galicia. Primero, porque es uno de los últimos grandes regueifeiros vivos que canta a la antigua usanza. Segundo, porque es testigo y libro abierto para hablarnos de los más importantes regueifeiros de la comarca a lo largo del siglo XX. Nadie mejor que él para hablarnos de Cadete da Campara, Camuzas, O Piloto, Verdías, Leonarda, Churrillo, O Sotelo, O Galo, Calviño de Tallo, Maximino de Mens, Celestrino de Leduzo, Blanquiño, Grixoa o Costa de Xaviña. De todos ellos, Blanco fue su maestro y Fermín empezó a regueifar el día que tumbó al gran Calviño de Tallo.

Muchas aldeas de Bergantiños, lugares de Galicia, programas de televisión e incluso de radio guardan testimonio de las coplas de este regueifeiro. Fermín es asiduo del programa Luar de la Televisión de Galicia; la periodista Cristina Abelleira lo ha entrevistado en directo en Radiovoz Bergantiños. Ha compartido escenario con Calviño, Grixoa o Guillermo da Rabadeira en las Festas da Regueifa organizadas por la Asociación Cultural Raigañas de Cerqueda (Malpica de Bergantiños).

En marzo de 2006, el Concello de Cabana de Bergantiños, con la colaboración de la Secretaría Xeral de Política Lingüística, recuperó la tradición de la regueifa en unas jornadas en las que participaron especialistas en poesía popular como Dorothé Schubarth o Domingo Blanco. Los actos se cerraron con una regueifa en la que participaron los cuatro últimos regueifeiros de Bergantiños: Guillermo da Rabadeira y Fermín da Feira Nova, como representantes de la vieja guardia, y Suso y Antonio de Xornes, como la nueva generación de cantadores. Fermín estaba entre ellos, y allí desveló a todos su origen cabanés en las tierras de Silvarredonda.

El regueifeiro Fermín también se lanzó a la poesía escrita. Se puso a escribir lo que tantas veces había cantado en público y lo publicó con el título de «Recordos dun regueifeiro». Esta publicación del Concello de Cabana de Bergantiños, en homenaje a su hijo regueifeiro, supone el rescate de un poeta popular como tantos otros que existen por Galicia. No es este el primer libro de un poeta popular en Bergantiños, pues desde hace décadas se han publicado varios poemarios de escritores de esa estirpe. Citamos las Páxinas da «rexubeira de Bergantiños» de Asunción Antelo, «A miña vida en verso» de Manuel Mourelle, o «Colleita poética» de María Baña. Ahora se suman estos «Recordos dun regueifeiro».

En este libro, Fermín se reconoce como deudor —así lo afirma y se lee en su obra— de cuatro grandes poetas bergantiñanos: Alfredo Brañas, María Baña, Eduardo Pondal y Asunción Antelo. En sus versos se observan influencias, sobre todo, de los tres últimos. Como Pondal, canta a su tierra natal. Como Asunción, nos lleva por los lugares más simbólicos de Coristanco.

En los «Recordos dun regueifeiro» está parte de Bergantiños: romerías, aldeas, costumbres juveniles. No falta tampoco la crítica directa como denuncia de actitudes reprochables.

Leyendo estos poemas de Fermín da Feira Nova, uno puede imaginar que lo está viendo regueifar en un escenario o en la televisión. Canta y escribe en una lengua de profunda raíz bergantiñana, muestra del gallego vivo conservado en nuestra comarca, aunque en ocasiones emplee también el castellano.

Hoy en día es difícil presenciar una regueifa en tierras de Bergantiños, la patria de la regueifa. Sólo, muy de vez en cuando, se programa alguna por la zona. Por suerte, con la lectura de este libro será más fácil recordar la memoria de estos versificadores de vieja estirpe.

Fermín Calvo Gómez, Fermín da Feira.

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