A Cibdá – Castro de Borneiro
Conocido como A Cibdá (ciudad en castellano antiguo), es uno de los castros más antiguos de Galicia y fue el primero en contar con una datación científica mediante el método del carbono 14. Estuvo habitado entre los siglos VI a. C. y I d. C., y todo indica que la vida desapareció de forma lenta, no repentina, a juzgar por el tipo, estado y localización de los materiales.

A Cibdá de Borneiro es un castro celta del siglo VI a. C., situado en la parroquia de Borneiro, en el municipio de Cabana de Bergantiños. Se trata de uno de los poblados castreños mejor conservados de Galicia y fue el primer castro de la comunidad que pudo datarse con seguridad gracias al carbono 14.



A Cibdá
Dombate
Vida en el Castro
Excavaciones
El castro está situado en una colina, con una excelente vista del valle y muy cerca del Rego das Gándaras. Está rodeado por una muralla de piedra y un parapeto defensivo. La zona habitada se extiende unos 90 metros de este a oeste y unos 55 metros de norte a sur.
En su interior hay alrededor de 36 construcciones de planta circular u ovalada, organizadas en grupos familiares.
La coraza y el túmulo presentaban una forma de embudo en la abertura de entrada a la cámara para facilitar el acceso. También aparecieron las losas horizontales del círculo peristáltico, así como piedras de la coraza que pueden observarse actualmente en uno de los muros testigo.
El túmulo primitivo tendría unas medidas de 10,5 metros de diámetro y 1,00 metro de altura. La cámara estaría formada por nueve ortostatos, con una abertura al este y una entrada en forma de pozo.
Sus habitantes eran agricultores de cereales y leguminosas, y ganaderos de vacas, caballos, cerdos y ovejas.
El hallazgo de numerosas piezas de cerámica y bronce, que utilizaban en las tareas diarias, así lo demuestra. Estas piezas están depositadas en el Museo Arqueológico e Histórico «Castillo de San Antón», en A Coruña.
El artesano local trabajaba en un taller metalúrgico, donde fabricaba útiles metálicos que luego eran intercambiados por productos agrícolas.
Por la proximidad al mar, también es muy probable que desarrollaran actividades pesqueras y marisqueras.
Respecto a la organización social, no se puede hablar de jefes guerreros que gobernasen el castro. Sabemos que se respetaba el rango y la edad de las personas, y aunque probablemente los hombres desempeñaban ciertos roles de poder, los restos arqueológicos apuntan a una sociedad con cierto grado de igualdad.
Las primeras excavaciones se realizaron en 1930 por Isidro Parga Pondal, Sebastián González García-Paz y Florentino López Cuevillas, y continuaron durante las décadas de 1970 y 1980.
Gracias a estas campañas, se pudieron recuperar multitud de restos que nos ayudan a comprender mejor el modo de vida castreño.


Sus habitantes eran agricultores de cereales y leguminosas, y ganaderos de vacas, caballos, cerdos y ovejas.
El descubrimiento de numerosas piezas de cerámica y bronce, que utilizaban en sus tareas diarias, así lo demuestra. Estas piezas están depositadas en el Museo Arqueológico e Histórico «Castillo de San Antón», en A Coruña.
El artesano local trabajaba en un taller metalúrgico, donde fabricaba utensilios metálicos que luego se intercambiaban por productos agrícolas.
Por la proximidad al mar, también es muy probable que desarrollasen actividades pesqueras y marisqueras.
En cuanto a la organización social, no se puede hablar de jefes guerreros que gobernasen el castro. Sabemos que se respetaba el rango y la edad de las personas, y aunque probablemente los hombres desempeñasen ciertos roles de poder, los restos arqueológicos apuntan a una sociedad con cierto grado de igualdad.
“Pasado Vilaseco… ya veía desde lejos el dolmen de Dombate…”
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Otras construciones




Orgánicos
En piedra
Cerámicos
Metálicos
Aparecieron concheros en varios puntos del yacimiento: son depósitos de conchas de marisco mezclados con espinas de pescado, posiblemente zonas de desecho o restos de comidas.
Abundan los molinos de mano y las piedras de afilar.
También se encontraron moldes de fundición, cuentas de pasta vítrea, fusayolas y un hacha neolítica pulida.
Son los más abundantes: miles de fragmentos por campaña.
Hay formas como platos, cuencos, ollas y jarras, con decoraciones que imitan cestos o piezas metálicas.
También se encontraron moldes, crisoles de fundición, fusayolas e incluso fichas de juego.
En bronce (cobre, estaño y plomo): agujas, anillos, cuentas, fragmentos de vasijas y calderos, conteras, empuñaduras de puñales, fíbulas y láminas decoradas.
En hierro (menos frecuentes): cuchillos, hoces, cinceles, picos y herramientas agrícolas o metalúrgicas.
No todas las construcciones del castro eran viviendas; algunas eran corrales, almacenes o talleres (de herreros, alfareros, carpinteros, cesteros, etc.). En el poblado se encontraron abundantes herramientas y objetos de metal (adornos, armas...), principalmente de bronce y hierro, lo que confirma la posibilidad de que existiera un taller metalúrgico de producción propia..



