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Senderos

R-3. Ruta do Rego dos Muiños

PANEL 1: RUTA DO REGO DOS MUÍÑOS (R-3)
 
Recorrido lineal
Punto de partida: Aparcamiento de O Lodeiro (inicio de la Senda do Anllóns)
Lugar de llegada: Castro A Cidá de Borneiro
Longitud: 3,5 km
Duración aproximada (ida y vuelta): 2 horas
Dificultad: Baja
 
Esta ruta comienza en O Lodeiro (Canduas), principio y final de la Senda do Anllóns, y acaba en el castro A Cidá de Borneiro.
En tiempos pasados, el arroyo de Os Muíños o de O Roncaduiro fue un importante recurso económico aprovechado por los habitantes de la zona (Canduas y Borneiro). Como vestigio, a lo largo de sus 3 km de longitud, todavía se conserva un singular conjunto etnográfico formado por 24 molinos. Desde las laderas del castro A Cidá de Borneiro hasta las orillas de la ensenada de A Insua, el auga del río desciende de cascada en cascada con fuerza suficiente como para mover los rodeznos de estos hermosos ejemplos de la arquitectura del pan. El ruído (el roncar) provocado por el resbalar de las augas sirvió para bautizar este regato cabanés.
Los molinos son construcciones de piedra en las que el grano (maíz o trigo) es molido por un mecanismo de rotación movido por la fuerza del agua. Hoy en día, debido a la transformación del agro gallego, la mayoría de ellos permanecen abandonados. Sin embargo, todavía se conserva alguno preparado para realizar su antigua función.
 
 
 
 
PANEL 2: XAQUÍN LORENZO FERNÁNDEZ Y LOS MOLINOS DEL RONCADUIRO.
 
Coincidiendo con el inicio de las excavaciones arqueológicas en el castro A Cidá de Borneiro durante la década de los 30, un joven del Seminario de Estudos Galegos llamado Xaquín Lorenzo Fernández, “Xocas”, aprovechó su permanencia en Cabana de Bergantiños para recoger documentación que después daría a luz bajo el título de Notas etnográficas da parroquia de Borneiro. En ellas, junto con la descripción de muchos elementos etnográficos de Borneiro, realiza un estudio de las arquitecturas del pan de los molinos de O Roncadoiro. Estas son sus palabras:
 
 
“El agua, al salir de un molino, entra ya en el cubo de otro, aprovechándose así todos los espacios disponibles. A consecuencia de esta inclinación del lecho del río, el agua tiene mucha fuerza, lo que hizo introducir en estos molinos el uso de una pieza características: la pa. Después de un corto canal, el agua entra en el cubo, que tiene una inclinación de unos 60º […]. El cubo puede ser de madera o piedra. En el primer caso, se utiliza un tronco de árbol; se divide en dos mitades longitudinales, se escarva cada una de las partes y se vuelven a juntar con unas correas de hierro. Si el cubo es de piedra, se hacen dos canales que se juntan asegurándolas con grapas de hierro. En los dos casos el cubo tiene en su entrada una reja de hierro llamada gradisenla para impedir el paso a las hojas y pequeñas ramas que trae el agua y que poderían atascar el billón o billa. Cuando el molino está parado, se tapa la salida del agua con la pa para evitar que su fuerza rompa el rodezno. Todos los molinos de Borneiro son de heredero y no hay ninguno que se destine a moler el grano de la gente mediante pago.
Su disposición varía poco con respecto a los de otros sitios. La capa y el pié van al aire y, para evitar que la harina se desperdicie, lleva unas tablas haciendo de caja para contenerla. La abundacia de piedra pizarrosa sugiere también su uso en el tejado de los molinos; unas vigas sostienen una serie de lajas que lo protejen de la intemperie” (…)
 
PANEL 3: PATRIMONIO, NATURALEZA Y TRADICIÓN ORAL EN EL ARROYO DE OS MUÍÑOS
 
1. CRUZ DEL RONCADOIRO (desaparecida)
 
La cruz giratoria de O Roncadoiro está hoy desaparecida. Por fortuna, se sabe de su existencia y forma gracias a un dibujo y texto del escritor y político Daniel R. Castelao incluída en el volumen As cruces de pedra na Galiza: “Esta cruz es giratoria y su forma, de cabeza ensanchada y larga, hace pensar que se trata de un monumento antiguo, quizás modificado más tarde. Por la condición de piedra giratoria, la gente le concede virtudes milagrosas”. En esta parroquia cabanesa se encuentran dos cruces giratorias más: una camino del lugar de Borneiro, otra en Vilaseco.
 
2. CRUCES GRAVADAS NAS PORTAS DOS MUÍÑOS
A veces, los marcos de piedra de las puertas de los molinos presentan cruces gravadas. Su función era impedir la entrada del demonio y protegerlo de todo mal. Estos símbolos cristianizaban y protegían al molino y molinero.
 
3. TORVISCO (Daphne gnidium)
Arbusto con efecto purgante y tóxico en sus hojas y corteza. El fruto es una hermosa baya roja también venenosa. Algunos vecinos de Borneiro recogían torvisco del Roncaduiro para matar los piojos a las vacas. También era utilizado en rituales para sacar el “mal do aire”.
 
 
4. CANTIGAS POPULARES
El etnógrafo Xaquín Lorenzo, Xocas, recogió cantigas de la importante tradición oral surgida alrededor de los molinos como lugares de reunión donde los vecinos aprovechaban la espera para moler, para contar historias, bailar (la muiñeira) o cantar:

   
 

O muíño no é muíño,
que é a capilla dos ratos,
donde se daban os bicos
e mailos moitos abrazos.
 
Mui muíño, mui muíño,
bótame a fariña fóra,
que a filla da muiñeira
ten un andar que namora.
 
Fun ó muíño con Paula,
fun ó muíño con ela;
fun ó muíño con Paula,
fun en paz e vin en guerra.
 
No muíño donde eu moio
tamén moi unha señora;
chégalle o gran, queridiña,
chégalle o gran que non roia.

Descarga aquí : Ruta do Regos dos muíños

R-2. Tras las huellas de los Riobó

PUNTOS DE INTERÉS:

1. LUGAR DE A MATA (SAÍDA / CHEGADA)

2. IGLESIA DE SAN. MARTÍN DE RIOBÓ

3. TORRE DE A PENELA

4. VALLE DE A BARCIA

5. POZO DA HORCA

6. CASTRO Y  CAPILLA DE  SAN BLAS  DEL FOLGOSO

7. MOLINOS DE OS ABELÁNS

Resumen del recorrido

Este recorrido viaja por un interior de Cabana de Bergantiños que presenta cortos valles, elevadas altitudes e importantes elementos patrimoniales entre los que destacan arquitecturas defensivas como la Torre da Penela o el mejor retablo barroco del ayuntamiento en la parroquial de San Martiño.

Por tierras del antiguo condado de A Penela, cuna de la noble familia Riobó, las aldeas se esparcen pequeñas y constituidas por un escaso número de viviendas debido al escaso terreno cultivable y a la enorme ocupación de los bosques.

El ser humano dejó aquí una huella tan longeva que permanece en el tiempo en entornos etnográficos como el de los molinos de Os Abeláns, el sacro-arqueológico de San Brais de Folgoso o el espacio fluvial del Pozo da Horca.

RUTA

Km. 0. La ruta comienza en A Mata. Iniciamos caminata hacia la iglesia de San Martiño. Pasado el cementerio, dejamos a la izquierda un desvío que baja a Soutochán que nos llevaría directos al Pozo da Horca, pero seguimos recto hacia Riobó.

Km. 1.5. Riobó es una aldea encajada en un valle entre montañas. En una de las casas, pedimos la llave de la iglesia de San Martiño. El interior esconde maravillas de arte religioso: dos pilas bautismales antiguas, un arco triunfal con capiteles románicos, dos sepulturas con escudos de los condes de A Penela y el mejor retablo barroco del ayuntamiento. Continuamos ruta por detrás de un pequeño portal metálico que da paso a un camino por prados que cruza el arroyo de Riba da Cancela y enlaza con una corredoira hasta A Penela.

La Torre da Penela es el único resto de una fortaleza medieval que vigilaba el condado del mismo nombre. Sus límites los marcaban las cruces de piedra de Bello, Baneira y campo de A Penela. El fundador del vínculo fue Lope Bermúdez. A principios del siglo XVII, Lorenzo Bermúdez de Castro la convirtió en pazo. Los últimos apellidos nobles fueron Ozores Poderosa.

Tiene formato cuadrado. En la frontal aparece un escudo y una puerta con arco de medio punto de grandes dovelas. Los cuarteles del escudo enseñan las armas del remodelador: Bermúdez, Castro y Riobó. Otro escudo se incrusta en la parte baja de un hórreo cercano.

Una leyenda cuenta que unos soldados tenían retenida en la cárcel de la torre una hermosa muchacha. En un descuido, ella logró huir, pero la mataron junto a la cruz de piedra. Los vecinos, viendo lo acontecido, exclamaron: “¡Pena… dela! ¡Pena… dela!”. Así se explica el nombre. Otra tradición dice que quien pasaba los límites de la cruz de piedra se salvaba.

La fuente de A Penela nace en unha ladera de la aldea. Es un conjunto de  piedra en el que dos caños vierten agua en un sarcófago. La leyenda cuenta que en ella se esconde el encanto de una hermosa dama blanca.

Km. 2. Volvemos sobre nuestros pasos. Seguimos por la pista asfaltada hacia A Barcia dejando a la izquierda Riobó. Más adelante, un atajo por el medio del monte nos lleva al valle de A Barcia (km. 4) y desde allí una pista de tierra que bordea el río nos deja en la aldea de Soutochán.

Km. 4.7. Andamos por un camino de carro que nos lleva al desvío, de ida y vuelta, para visitar el Pozo da Horca. Nos damos de bruces con la majestuosa cascada de A Baiabosa, a quien Eduardo Pondal dedicó versos como estes: “río de Bergantiños, / xentil e soador, / cando da Baiabosa / sae con rouco son, / entre miúdos seixos / de branca e leda cor”. Se cuenta que en el fondo del Pozo da Horca se esconde una grada de oro; también se dice que desde aquí hasta la Torre da Penela va una viga de oro; además, que el pozo es un ojo del mar.

Km. 6. Reculamos sobre nuestros pasos y subimos a la derecha por un camino forestal hasta el castro de Folgoso y la capilla de San Brais, santo de la garganta. El castro es de pequeño tamaño y meseta circular; presenta como particularidad la de ser un espacio precristiano sacralizado mediante construcción de una ermita en su acrópolis. La capilla data del siglo XVIII; presenta presbiterio a mayor altura que la nave; en el interior, conserva un retablo barroco.

Km. 7.2. Nos dirigimos a Folgoso. La última visita son los tres molinos de Os Abeláns. A su lado se restauró el margen fluvial con un pequeño paseo y área recreativa.

Km. 9.5. Volvemos hacia la aldea de Folgoso en la que se conservó la tradición culinaria de las filloas a la piedra. La música tradicional tocada con pandereta también mantiene vivas piezas como la “punteada y la jota de Folgoso” tocadas con puño cerrado. Los últimos pasos nos llevan otra vez al café-bar Josefa de A Mata por una empinada carretera asfaltada.

Texto: Ángel Eiroa Pose y Xosé Manuel Varela Varela

Descarga aquí: Tras las huellas de los Riobó

R-1. Ruta Arqueológica por Borneiro.

Comenzamos la ruta en el aparcamiento del Castro A Cidá de Borneiro (km 0) y subimos por la empinada pista forestal. A la derecha vamos dejando la supuesta mina de hierro de los habitantes del castro. Tomamos el primer desvío y siempre desviándonos hacia la izquierda llegamos a una larga recta (km 2) que termina en el  Mirador da Fernandiña (371 m). En este punto tendremos hermosas vistas de la Enseada da Ínsua, de todas las parroquias de Cabana y una amplia panorámica de la comarca.

Volvemos sobre nuestros pasos (señales amarillas) y bajamos toda la recta hasta llegar a su fin. Un desvío a la derecha nos llevará a la pista procedente del lugar de Muriño (Zas) y  de las Torres do Allo (km 4).

En este cruce subimos a la derecha dejando siempre a esta mano el monte de piedras conocido como Castro o Castelo de Borneiro. Es un castro sin excavar que destaca por la grandeza de sus murallas y parapetos.

Casi al final de la cuesta podemos desviarnos opcionalmente a la derecha por un estrecho camino de carro para buscar el Niño dos Corvos o Igrexa dos Lobos, dolmen natural en el que caben varias personas de pie y que fue usado como refugio de pastores y, cuenta la leyenda, también de lobos. Tras este desvío opcional descendemos por la pista forestal hasta el lugar de Borneiro. La segunda casa que encontramos a la izquierda es la del pintor Manuel Lema Otero ya fallecido y ganador en 1982 del “1º Premio de Arte Naïf ou Inxenuista Galega” con la obra “A batalla do Ebro”.

Unos metros más adelante un conjunto de robles nos situa en el cruceiro do Sacramento. La ruta continúa a la izquierda, pero aquí podemos, voluntariamente, desviarnos a la derecha unos 400 m. hasta la rectoral e  Iglesia de San Xoan de Borneiro. Estádatada entre los siglos XVI y XVIII. Su retablo barroco es obra del escultor local Juan Martínez y de su hijo Ignacio, autores de retablos y esculturas en varias iglesias de los alrrededores.

Tras este segundo desvío opcional volvemos sobre nuestros pasos. La ruta nos lleva, por asfalto y dejando a la izquierda el lugar de Vista Alegre, hacia O Briño (km 6). Cruzamos la carretera AC-431 As Grelas-Baio y nos dirigimos a la  Capela do Briño. Sus orígenes se remontan al s. XVI, aunque fue muy retocada en el s. XVIII. De esta fecha es la fachada con las imágenes del patrón parroquial S. Juan Bautista (parte más alta), la Virgen de las Virtudes (centro) y cuatro apóstoles (Santiago, san Andrés, san Pablo y san Pedro). 

Dejamos a la derecha la fuente de aguas milagrosas, a la izquierda el cruceiro con fecha de 1602 en el fuste y salimos del campo de la fiesta parroquial por el área recreativa. La pista asfaltada nos lleva dirección Dombate. Pasamos otro cruceiro, el monte de pinos y, aproximadamente a unos 300 metros en las tierras de labor, pasamos al lado de la finca donde se encontró la Cista da Ínsua; tumba individual de la Edad del Bronce compuesta por siete losas decoradas con grabados geométricos y que podemos ver en el Museo Arqueolóxico do Castelo de San Antón (A Coruña).

Pasamos las casas de Dombate y siempre sobre nuestra derecha (km 8),  llegamos a las excavaciones del Dolmen de Dombate. Es un conjunto funerario de finales del Neolítico compuesto por dos monumentos: “Dombate Antiguo”, que solo conserva el túmulo y los restos de un pequeño dolmen de 9 losas y “Dombate Reciente”, el gran dolmen visible actualmente con túmulo, cámara principal de 7 losas y corredor orientado al nacimiento del sol.

Tras la visita al dolmen, pasamos el río da Balsa y un estrecho  camino nos lleva a la pista polideportiva ya cerca del lugar de Vilaseco. Dejamos hórreos y casas de piedra hasta llegar a la fuente do Picho. Aquí conectamos con el final de otra ruta la del Rego dos Muíños do Roncaduiro.

Al otro lado de la carretera general nos espera la última parada y fin de la ruta: el Castro A Cidá de Borneiro (km 10).Se trata de los restos de un poblado prerromano habitado entre los siglos VI a.C. y I d.C. Es el único castro excavado de A Costa da Morte con más de 30 construcciones repartidas entre el recinto principal y un barrio exterior también amurallado.

Descarga aquí: Tralás pegadas dos Riobó. Tras las huellas de los Riobó