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Personajes

Saturnino Cuíñas Lois

SATURNINO CUÍÑAS LOIS
Cura de Cesullas y folclorista benemérito
Carballedo (Cotobade, Pontevedra), 21/12/1897 – Cesullas (Cabana de Bergantiños), 07/04/1978

Tras ejercer como capellán de la Condesa de Torre Penela de Carballo y de la familia Figueroa en San Martiño de Horto (Abegondo), Saturnino Cuíñas Lois fue enviado como párroco a Santo Estevo de Cesullas, en sustitución de Manuel López Porto. Se presentó en Cesullas el 10 de abril de 1931, acompañado por su madre Adelina y sus hermanos Aurelio y María.

Desde su llegada, la parroquia vivió un notable dinamismo en los ámbitos religioso, festivo, social e incluso en infraestructuras. Creó coros parroquiales, revitalizó las celebraciones navideñas y se acercó a la juventud organizando fiestas del catecismo. Fue una figura clave en la construcción de la carretera de Neaño a Baio.

Como reconocimiento a su labor, el 17 de marzo de 1956 —coincidiendo con sus bodas de plata como párroco— el Ayuntamiento de Cabana de Bergantiños lo nombró hijo adoptivo. En el acto se descubrió una placa de mármol en la iglesia de Santo Estevo.

Saturnino Cuíñas ejerció su ministerio hasta poco antes de su fallecimiento, el 7 de abril de 1978. Su muerte fue un gran acontecimiento social en toda la comarca de Bergantiños, con asistencia de vecinos de municipios limítrofes y de toda la corporación municipal. El funeral fue oficiado por el arzobispo de Santiago de Compostela, Ángel Suquía, y fue enterrado en el cementerio parroquial de Cesullas.

Cinco años después, el 21 de agosto de 1983, el Ayuntamiento de Cabana de Bergantiños le rindió homenaje póstumo y lo nombró hijo predilecto. En los actos culturales participaron las corales Coral de Bergantiños, Toxos e Flores de Ferrol, Follas Novas, Lembranza y Cántigas da Terra de A Coruña; el grupo folk Marea Baixa de Carballo; los grupos folclóricos de la Asociación Cultural Río Anllóns de Ponteceso y del colegio público As Revoltas de Cabana; y el humorista O Xestal, que hizo reír al público con sus chistes y cantó por primera vez en público acompañado por Xosé Manuel Eirís, que tocó una zanfoña que perteneció a Saturnino Cuíñas. Como broche final, Andrés Rei dirigió la interpretación del famoso “Berro Seco”.

También se colocó una placa conmemorativa en la fachada de la ermita de San Fins.

Saturnino Cuíñas y el San Fins do Castro

La romería de San Fins do Castro, fiesta patronal por excelencia de Cabana de Bergantiños, es hija espiritual de Saturnino Cuíñas, quien le otorgó elementos singulares y únicos que la distinguen de otras romerías gallegas.

Saturnino Cuíñas nació con alma de músico. Desde niño, rodeado de bailadores y gaiteros, asumió el compromiso de rescatar la memoria musical de Galicia. Su prodigiosa memoria le permitió conservar coplas y cantos de su Cotobade natal, así como melodías de Cabana, Ponteceso, Carnota, Corcoesto o Cambados. Todo ese legado folclórico, retenido en su mente, fue cedido de forma generosa a quienes se acercaban a él.

Aun así, fue la agrupación coruñesa Cántigas da Terra, gracias a la amistad con su director Adolfo Anta Seoane, la que tuvo la fortuna de recoger en su archivo musical todo el trabajo recopilado por Cuíñas a lo largo de su vida. Entre esta obra se encuentran foliadas de Augasantas, Bora, Vilaxoán, Corocoesto, Trabazo o Corcoesto; pandeiradas de Cesullas, Ponteceso, Loureiro o Carnota; y alalás de Cerdedo, Santo Ourente o Carballedo. También canciones de año nuevo, nanas y cantos de canteros enriquecen el legado.

Además de recopilador de música tradicional, Saturnino Cuíñas fue un excelente músico. Dominaba instrumentos como la gaita, la pandereta, el bombo, la bandurria, el armonio y la zanfoña. En su época, junto a Faustino Santaelices, fue una de las pocas personas en Galicia que tocaba la zanfoña. Una de sus históricas zanfoñas fue entregada a Cántigas da Terra el 1 de agosto de 1945 en la romería de San Fins, y posteriormente fue utilizada por el grupo para interpretar cantos de ciego por escenarios de todo el país.

Como mérito por su labor folclórica, la Real Academia Nuestra Señora del Rosario le concedió la Medalla de Oro de Primera Clase del Premio Marcial del Adalid. Los actos de entrega se celebraron el 24 de agosto de 1954 en la Casa de la Cultura de A Coruña. Por la tarde, en la Plaza de Toros de la ciudad herculina, tuvo lugar una fiesta folclórica con la participación de las agrupaciones Cantigas e Agarimos de Santiago, Follas Novas, Aturuxo y la Masa Coral de la Fábrica de Tabacos de A Coruña.

María Baña Varela

MARÍA BAÑA VARELA

Poetisa popular
Vilariño, 10 de enero de 1906 – Neaño, fecha de fallecimiento desconocida

Aunque nació en los Casais de Vilariño el 10 de enero de 1906, la poetisa popular María Baña Varela echó raíces en el lugar de Neaño. Allí fundó su hogar junto a su esposo, Xusto Cousillas Castro.

Desde niña, las tareas como mujer labradora le impidieron ir a la escuela, por lo que la escritura era para ella un terreno prohibido. No obstante, su mente no dejaba de componer versos, que guardaba con claridad en su memoria. En una ocasión, llegó a declarar en un medio de comunicación comarcal que ella “pensaba en copla”.

Con el tiempo, aprendió a escribir, aunque de manera muy básica, para poder plasmar por escrito los poemas que conservaba en su cabeza. Cualquier tipo de hoja le servía para transcribir sus versos. Su propia vida, la de su familia y la de sus vecinos —a veces en tono serio, otras con retranca y humor— son los principales ejes temáticos de su obra.

En 1998, el Ayuntamiento de Cabana de Bergantiños publicó póstumamente su obra inédita y creó el Certamen de Poesía para la Juventud María Baña, como homenaje a su figura.

María Baña, junto con Asunción Antelo y Hermosinda de Tabuído, forma parte del trío de poetisas populares cabanesas que no tuvieron vergüenza de ser mujeres escritoras, elevando la voz femenina desde el mundo rural gallego a través de la poesía.

Manuel Lema Otero

MANUEL LEMA OTERO

Pintor naïf e inventor
Borneiro (Cabana de Bergantiños), 04/06/1916 – 06/08/1991

Manuel Lema Otero es, sin duda, la figura más singular de la parroquia cabanesa de Borneiro. Destacó por ser un hombre polifacético: labrador, carpintero-encofrador, emigrante, pintor, inventor, vendedor de pollos y piensos, e incluso excavador en el castro de A Cidá. Conocido también por los apodos de Manuel do Monte o el Hombre de los Pollos, fue el pintor e inventor más reconocido de todo el municipio de Cabana de Bergantiños.

Pocas personas de la zona sabían que Manuel do Monte pintaba, hasta que, en el año 1981, ganó el primer premio en el Concurso de Arte Naïf convocado por la Fundación Pedro Barrié de la Maza, con una dotación de 200.000 pesetas. Tenía entonces 65 años. Se habían presentado 575 obras, y Lema Otero resultó ganador con la pintura “La Batalla del Ebro”, además de colocar otras dos entre las finalistas. El jurado, entre cuyos miembros estaba Juan Antonio Vallejo-Nájera, destacó que la obra estaría “entre las 12 mejores naïf de España”, calificándola de “original y libre en su exposición”.

Como reconocimiento, el Ayuntamiento de Cabana le rindió homenaje en febrero de 1982. A partir de ese momento comenzó su etapa expositiva: participó en exposiciones colectivas en A Coruña, Vigo, Lugo, Ourense y Santiago, y realizó muestras individuales en Ponteceso, Vimianzo, Negreira, Baio, O Couto o Cabana. Ofreció conferencias sobre su trabajo en Vimianzo y Cabana, y muchas de sus obras forman parte hoy de colecciones privadas en Laxe, Baio, A Coruña e incluso en Suiza.

Pintaba por las noches, tras duras jornadas de trabajo en el campo, en un cobertizo de su casa. Su afición por la pintura le venía desde niño, cuando pedía insistentemente lápices y papel para dibujar barcos, casas, personas o animales.

Su obra pictórica tiene un marcado carácter autobiográfico: representa escenas de la Guerra Civil, de su trabajo como encofrador o de su participación en las excavaciones del castro de A Cidá. Muchas de sus pinturas tienen un enfoque didáctico y de denuncia social, abordando temas como el alcoholismo o la falta de valores en la juventud. También abundan los temas religiosos y la presencia constante de su paisaje natal, conformando un universo creativo propio.

Otra de sus facetas fue la de inventor. Ya de niño, fabricaba aparatos con sus amigos. Entre sus primeros inventos destaca un sistema para obtener metano a partir de estiércol. Con el tiempo, diseñó el “libro de las quinielas”, juguetes articulados, moldes para capiteles, termómetros para hornos, sistemas de alarma contra incendios y una bomba de agua sin consumo energético.

Sus inventos más populares, por los que obtuvo patente, fueron la teja plana y la incubadora para pollos. Este último artilugio le proporcionó sustento durante muchos años, ya que criaba y vendía polluelos por toda la Costa da Morte. Por eso, en muchas aldeas se le conocía como el Hombre de los Pollos.

José María Álvarez

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

Músico y director de bandas
Corme Aldea, Corme (Ponteceso), 28/12/1905 – Neaño, Cesullas (Cabana de Bergantiños), 01/05/1977

En el lugar natal de José María Álvarez Canto, Corme Aldea, en cada casa había al menos un músico de banda. En su familia no fue diferente, pues pertenecía a una estirpe musical que se transmitía de generación en generación. Desde muy pequeño, estuvo ligado a la música: con tan solo seis años ya acompañaba las procesiones de las fiestas locales tocando un tamboril con la Banda de Corme.

Cuenta la anécdota que un día, cansado de caminar durante las procesiones, se sentó en un corral, y su padre le dijo:
«Levántate, que te doy una patada en el trasero.»

La música, aprendida primero de oído y luego a través del solfeo, lo acompañó toda su vida. Incluso durante el servicio militar fue corneta del Rey. Fue músico y director de la Banda de Corme, y más adelante dirigió otra banda en Coristanco, donde también fundó una orquesta.

De su paso como maestro musical por la tierra de la patata, quedan versos como estos de la poetisa Asunción Antelo Suárez, la Rexubeira de Bergantiños:

Sentía ensaiar os músicos
cando ía pra Carballo:
eran os Soanes da Miñata
e os Naias de Carantos.

Posteriormente, se instaló en Neaño, donde compró una taberna-casa de comidas. Allí hizo su vida definitiva en Cabana de Bergantiños, donde entabló amistad con el sacerdote y folclorista Saturnino Cuíñas Lois. De esa relación nació el Himno a San Fins do Castro, con letra y música de Cuíñas y arreglo para banda a cargo de José María.

Su vecina, la poetisa María Baña Varela, lo inmortalizó en la literatura popular con estos versos, recordando su presencia y la de sus músicos en la romería de Santa Margarida de Baneira (Corcoesto):

E estaba José María,
dirixindo na orquestra,
tocando no pasodobre,
que era a alegría da festa.

José María Álvarez fue uno de los grandes referentes musicales de la Costa da Morte como músico polifacético y director de bandas. Dominaba todos los instrumentos de viento y percusión, componía música para todos los integrantes de una banda y fue un auténtico maestro del acordeón.

Aprendió a tocar este instrumento en Corme, con un pequeño acordeón de botones. Más tarde, llegaron a sus manos varios acordeones piano, algunos comprados en Ferrol con el dinero que le prestó su madre, y otros recibidos como regalo de su esposa.

En Neaño, una vez dejó la dirección de bandas de música, comenzó a impartir clases de acordeón. Entre sus alumnos destacaron Jacinto de Borneiro y Manolo de Ovidio. Además, fue el alma de las tardes de baile en el salón del Burreiro, donde tocaba el acordeón acompañado por Lelo de Pedra Cuca a la batería y Anselmo Cousillas al clarinete, que “lo hacía hablar”.

José Eiroa Fondo

Fotógrafo
O Perico. Cundíns (Cabana de Bergantiños), 14/12/1929 – Pedrouzo. Cundíns, 02/04/2003

En José Eiroa Fondo, conocido popularmente como el Fotógrafo de Cundíns, nació la pasión por la fotografía durante el servicio militar. Al regresar a su aldea natal, alquiló una cámara a Gervasio de Carballo y comenzó a tomar fotografías por toda la zona. El oficio pronto empezó a dar frutos y encargó una cámara Leica, valorada en casi un millón de pesetas de la época, que le fue enviada desde Alemania.

Eiroa tenía una verdadera mirada de creador. Cuando compraba una cámara nueva, las primeras pruebas las hacía con sus hijos bañándose en una tina de zinc junto a la cocina de hierro. Los trabajos del campo, los pequeños detalles del día a día, fiestas, ferias, bodas, comuniones y eventos sociales marcaron la temática de un interesante universo creativo aún por descubrir por el gran público.

Al principio se desplazaba a las romerías con la cámara a cuestas y en bicicleta, que más adelante cambió por una moto Guzzi y posteriormente por varios coches Citroën. En las fiestas retrataba las meriendas y, sobre todo, a grupos de jóvenes que ansiaban tener carteras llenas de instantáneas de aquellos que les hacían ilusión.

En sus primeros años, vendía las fotos por las ferias de la zona: Baio, Agualada y Anllóns. Allí abría su maleta y exponía un amplio abanico de retratos que luego compraban las personas retratadas. Pagaban y se llevaban la fotografía en blanco y negro con la alegría de quien encuentra un tesoro. Más adelante, entregaba el trabajo desde su casa. Durante un tiempo, colgó como reclamo en el escaparate la foto de un joven con dos palomas posadas en los hombros.

Su trayectoria también estuvo marcada por momentos difíciles. Cuando en casa hacía falta más dinero, Eiroa se marchaba a la emigración o embarcaba, pero siempre regresaba a su verdadera vocación: el mundo de la fotografía.

En una ocasión se desplazó a Anos para hacer fotos de carné. Durante la comida dejó la cámara sobre una mesa, y cuando fue a recogerla, ya no estaba. Denunció el robo y, por suerte, días después apareció en O Allo, sobre una piedra al lado de la carretera. Había sido una broma pesada, demasiado cruel para un corazón tan humilde como el suyo.

José Eiroa era un fotógrafo completo, que abarcaba todo el proceso fotográfico: desde disparar la foto hasta el revelado y la entrega final al cliente. Fue de los pocos en la zona que revelaban en blanco y negro, técnica que aprendió en los laboratorios de Foto Blanco en A Coruña. Montó un pequeño laboratorio en su casa, equipado con ampliadora, líquidos y papel, donde hizo miles de copias.

El trabajo de José Eiroa Fondo, el Fotógrafo de Cundíns, es un testimonio imprescindible del pasado en imágenes de Cabana de Bergantiños. Por derecho propio, cada una de sus fotografías se ha convertido en un rincón de recuerdos de una tierra y de unas gentes que habitaron estos confines en pleno siglo XX.

Hermosinda Varela Lema

La poetisa popular Hermosinda Varela Lema nació en una casa señorial de labradores. Se cuenta que desde Rebordelo hasta su casa natal todo eran propiedades de la familia. La hacienda incluía vacas, caballos, varias parejas de bueyes y ganado menor. En un antiguo reparto de la herencia, incluso se entregó como dote una pareja de bueyes para Portugal. Por tanto, Hermosinda nació y se crió como labradora en un paraje cabanés inolvidable, a orillas de donde el río Anllóns da sus últimos suspiros: Tabuído.

Mujer profundamente religiosa, nunca se perdía una misa, incluso dejando plantado cualquier trabajo en el campo para acudir puntualmente a la iglesia. Esta devoción está presente en su obra poética, con composiciones dedicadas a la Virgen, a la llegada de nuevos curas o a sus experiencias personales, como una excursión a la Virgen de Fátima en Portugal.

Nacida en una tierra con fuerte tradición poética y formada en una escuela rural, Hermosinda ya componía coplas desde joven. Escribía versos para vecinas, para los niños que se los llevaban al colegio, o incluso para su yerno. La construcción de las escuelas de As Revoltas también pasó por su pluma. Esta fuerza creativa estuvo viva hasta el día de su fallecimiento.

Junto a figuras como María Baña Varela, Hermosinda representa la pervivencia de la literatura oral y popular en las aldeas gallegas. Como muestra de su estilo, compartimos estos versos inéditos, donde narra a su manera la historia de su parroquia.

Vou contar unha historia
aquí con poucas palabras:
o que antiguamente era
a nosa parroquia de Canduas.

Había un convento de monxas
disque no lugar de San Pedro.
Eu esto xa non o vin,
pero díxomo o meu abuelo.

Despois marcharon de alí,
eu non sei pra que lugar;
disque lle iban facer guerra
os mariñeiros do mar.

E despois aquí en Canduas,
segundo algún vello dixo,
era un convento de frailes,
chamábase San Martiño.

Os frailes de aquí marcharon
e non sei para que sitio;
así lle quedou o nome:
parroquia de San Martiño.

Esta historia é pequena,
ten moi poucas palabras.
A parroquia de Borneiro
disque era anexo de Canduas.

Estas cousas de tan vello
saberano dous ou tres,
que tamén era de Canduas
o lugar de Valarés.

Unha vez viñan cun morto
a Canduas a enterrar,
como non había ponte
na Barra, caeu ó mar.

Ó pasarlle esta avería,
por se morrería outro,
ordenaron que o lugar
fora pra parroquia do Couto.

Antes Canduas era pequeno,
segundo dixo un estudante,
pero como todo aumentou,
hoxe é unha parroquia grande.

Femín Calvo Gómez

Fermín Calvo Gómez nació en Silvarredonda pocos meses antes del inicio de la Guerra Civil española. Como todo niño de la posguerra, su vida no fue como la de cualquier chaval de hoy. Apenas pudo ir a la escuela. Lo haría ya siendo un mozalbete. Y desde muy joven tuvo que trabajar en casas de labradores para ganarse el sustento. A la hora de comer, no se sentaba en la mesa de los amos, sino que comía en un taburete en medio de la cocina, clara muestra de la separación de clases sociales entre un criado y los dueños.

Con el tiempo, la situación mejoró, y en unos pocos meses asistió a la escuela en Silvarredonda. Por la vergüenza que sentía, al ser mayor que el resto, aprendió rápido las cuatro reglas básicas para defenderse en la vida de entonces.

Después, empezó como leñador cortando madera en los montes de Bergantiños. En aquella época, la madera era muy valorada y se transportaba en barcos de cabotaje desde la ensenada de A Insua o el puerto de Corme.

Otro oficio que desempeñó Fermín fue el de cantero. Comenzó, como todos los muchachos, subiendo barro mezclado con agua a la cabeza por las escaleras para dar masa a los canteros. Pronto dejó esta dura tarea y aprendió ya a trabajar con la piedra. Una de sus labores como cantero era tallar las piedras (muelas) de los molinos, hoy en día abandonados.

Como muchos habitantes de Bergantiños, Fermín Calvo también sufrió la lacra de la emigración. Se fue en tren con toda la ilusión, pero la realidad le hizo despertar del sueño: lo que pensaba que sería un palacio era una barraca; y nada más llegar, ya tuvo que ponerse a trabajar.

Durante el siglo XX, Bergantiños fue un paraíso de poetas populares. Entre ellos, destacan especialmente los regueifeiros. Uno de ellos es Fermín Calvo Gómez, conocido en el mundo de la regueifa como Fermín da Feira Nova, por ser este el lugar de Coristanco donde se casó.

Descubrió el mundo de la regueifa en los trabajos comunales de las aldeas de Bergantiños, que acababan en fiestas o foliada. Así, en las hiladas de lino y lana observaba a hombres y mujeres que cantaban. Cuando había fiestas de pandereta en cualquier calle, también prestaba atención. En las reuniones para cargar piedra para las casas o nichos de cantería escuchaba a canteros y carreteros. Fermín recuerda cómo en aquellos tiempos había mujeres que regueifaban mejor que los hombres, pero por ser mujeres, les daba vergüenza competir con ellos en público.

Fermín Calvo es hoy historia viva de la regueifa en Bergantiños y Galicia. Primero, porque es uno de los últimos grandes regueifeiros vivos que canta a la antigua usanza. Segundo, porque es testigo y libro abierto para hablarnos de los más importantes regueifeiros de la comarca a lo largo del siglo XX. Nadie mejor que él para hablarnos de Cadete da Campara, Camuzas, O Piloto, Verdías, Leonarda, Churrillo, O Sotelo, O Galo, Calviño de Tallo, Maximino de Mens, Celestrino de Leduzo, Blanquiño, Grixoa o Costa de Xaviña. De todos ellos, Blanco fue su maestro y Fermín empezó a regueifar el día que tumbó al gran Calviño de Tallo.

Muchas aldeas de Bergantiños, lugares de Galicia, programas de televisión e incluso de radio guardan testimonio de las coplas de este regueifeiro. Fermín es asiduo del programa Luar de la Televisión de Galicia; la periodista Cristina Abelleira lo ha entrevistado en directo en Radiovoz Bergantiños. Ha compartido escenario con Calviño, Grixoa o Guillermo da Rabadeira en las Festas da Regueifa organizadas por la Asociación Cultural Raigañas de Cerqueda (Malpica de Bergantiños).

En marzo de 2006, el Concello de Cabana de Bergantiños, con la colaboración de la Secretaría Xeral de Política Lingüística, recuperó la tradición de la regueifa en unas jornadas en las que participaron especialistas en poesía popular como Dorothé Schubarth o Domingo Blanco. Los actos se cerraron con una regueifa en la que participaron los cuatro últimos regueifeiros de Bergantiños: Guillermo da Rabadeira y Fermín da Feira Nova, como representantes de la vieja guardia, y Suso y Antonio de Xornes, como la nueva generación de cantadores. Fermín estaba entre ellos, y allí desveló a todos su origen cabanés en las tierras de Silvarredonda.

El regueifeiro Fermín también se lanzó a la poesía escrita. Se puso a escribir lo que tantas veces había cantado en público y lo publicó con el título de «Recordos dun regueifeiro». Esta publicación del Concello de Cabana de Bergantiños, en homenaje a su hijo regueifeiro, supone el rescate de un poeta popular como tantos otros que existen por Galicia. No es este el primer libro de un poeta popular en Bergantiños, pues desde hace décadas se han publicado varios poemarios de escritores de esa estirpe. Citamos las Páxinas da «rexubeira de Bergantiños» de Asunción Antelo, «A miña vida en verso» de Manuel Mourelle, o «Colleita poética» de María Baña. Ahora se suman estos «Recordos dun regueifeiro».

En este libro, Fermín se reconoce como deudor —así lo afirma y se lee en su obra— de cuatro grandes poetas bergantiñanos: Alfredo Brañas, María Baña, Eduardo Pondal y Asunción Antelo. En sus versos se observan influencias, sobre todo, de los tres últimos. Como Pondal, canta a su tierra natal. Como Asunción, nos lleva por los lugares más simbólicos de Coristanco.

En los «Recordos dun regueifeiro» está parte de Bergantiños: romerías, aldeas, costumbres juveniles. No falta tampoco la crítica directa como denuncia de actitudes reprochables.

Leyendo estos poemas de Fermín da Feira Nova, uno puede imaginar que lo está viendo regueifar en un escenario o en la televisión. Canta y escribe en una lengua de profunda raíz bergantiñana, muestra del gallego vivo conservado en nuestra comarca, aunque en ocasiones emplee también el castellano.

Hoy en día es difícil presenciar una regueifa en tierras de Bergantiños, la patria de la regueifa. Sólo, muy de vez en cuando, se programa alguna por la zona. Por suerte, con la lectura de este libro será más fácil recordar la memoria de estos versificadores de vieja estirpe.

Fermín Calvo Gómez, Fermín da Feira.

Emilio Lema Pérez

EMILIO LEMA PÉREZ
Cestero

Canduas (Cabana de Bergantiños), 24.11.1928 – Canduas (Cabana de Bergantiños), 28.08.2005

Emilio Lema Pérez tuvo como profesión la de carpintero de barcos.
Aprendió el oficio en las carpinterías de ribera de Cabana de Bergantiños, para luego trabajar durante mucho tiempo en distintos astilleros de la ciudad de A Coruña. Sin embargo, su verdadera pasión era la cestería. Lo era tanto que incluso le quitaba el sueño, y con la alborada ya se ponía a trabajar junto a su banco de artesano.

Emilio Lema Pérez fue cestero desde sus primeros años. Cuando de niño tenía que ir con las ovejas a los montes de Canduas, les decía a sus compañeros: “Quien me cuide las ovejas, le hago un cesto”. Dicho y hecho.

De todos modos, los años de mayor actividad artesanal fueron los que siguieron a su jubilación como carpintero. Durante esos años impartió cursos de cestería, acudió a ferias de artesanía en O Couto, en Neaño, en A Telleira, en Boimorto, en Laxe y representó el oficio tradicional de la cestería de la Costa da Morte en los stands que la Asociación Neria llevó a la Feria Internacional de Turismo (FITUR) o a la Bretaña francesa. En Camariñas, unos sombreros de varas sueltas confeccionados por él resultaron co-ganadores del primer premio en el desfile de moda de la Mostra do Encaixe.

Por lo tanto, Emilio Lema Pérez se convirtió en el artesano de mayor proyección y más internacional de Cabana de Bergantiños. Días antes de su fallecimiento, se encontraba elaborando la cesta más grande del mundo, con la que situaría a su concello natal en las páginas del Libro Guinness de los Récords.

Para realizar sus piezas, Emilio Lema utilizaba principalmente materiales autóctonos. Iba a los prados a recoger mimbre y después lo sometía a distintos tratamientos: si quería elaborar una pieza oscura, la hacía con el mimbre sin pelar; si la pieza debía ser clara, lo cocía y lo pelaba. En los últimos años, incorporó material de fuera de Galicia, como la «vara larga» o «médula» que encargaba en Salamanca. En alguna obra utilizó láminas de roble.

Las obras que nacían en el taller de Emilio Lema tenían un doble sentido: el práctico y el decorativo. Entre las primeras, las más abundantes, cabe citar capazos, cestas grandes, bandejas, cestas de pesca, cestos de huevos, cestos de romería, sombreros, sillas, botellas o garrafas revestidas, a veces con asa, a veces sin ella. Entre las segundas, como retos que él mismo se proponía o encargos realizados por los visitantes de su taller, se encontraban aviones, pájaros o incluso esbeltos barcos veleros.

Emilio Lema Pérez pertenecía a esa estirpe de artesanos que se resistían a desaparecer en las aldeas de Galicia, con oficios antiguos. Y Cabana de Bergantiños, documentada desde la Edad Media, es un vergel de esos oficios. Como muestra, el ejemplo de este cestero o también el trabajo de las hilanderas de lino y las encajeras.

Eduardo Vázquez Espasandín

EDUARDO VÁZQUEZ ESPASANDÍN

“O Jay Jay”
Músico popular tradicional

Rebordelo, Cesullas (Cabana de Bergantiños), 08.12.1909 – Neaño, Cesullas (Cabana de Bergantiños), 25.11.2003

A pesar de aprender con su hermano el oficio de carpintero, Eduardo Vázquez Espasandín fue un célebre músico popular desde A Coruña hasta Padrón, desde Cabana hasta O Carballiño. ¿Quién no recuerda su imagen en las fiestas con el bombo a la espalda, aunque en un principio él quería ser gaitero?

Comenzó en la música popular con el grupo Os Jaiteiros de Neaño y Jay Jay. En él estaban sus vecinos: Manuel do Bronllo (cuñado de la poetisa María Baña), gaitero; Servando de Indalecio, gaitero; y Gabriel de Indalecio, tamborilero. Más tarde, pasó unos pocos años en Os Maravillas de Corme. Finalmente, su gran etapa como músico fue con Os Enxebres de Neaño.

El nombre de Os Enxebres se lo sugirió el cura de Cesullas, Saturnino Cuíñas Lois. Un día, Eduardo le preguntó a Saturnino cómo llamaría él al grupo. Cuíñas le respondió: «Ponle Os Enxebres». Eduardo le replicó: «¿Por qué?». Y el cura zanjó la conversación diciendo: «Porque tú eres el más enxebre (auténtico)».

Todo un amplio abanico de músicos populares de la Costa da Morte acompañó a Jay Jay durante unos 80 años. De Neaño, además de los ya citados, estuvieron con él Manolo de Xusto (sobrino de Manuel do Bronllo e hijo de María Baña), gaitero; y Plácido Vigueret (Plácido de Meiruco), tamborilero. De Corme, Calixto y Ramona de Os Maravillas. De Laxe, José García Insua (Reboredo), gaitero. De Lamas (Zas), Manuel, conocido como O Galo de San Clemente, gaitero. De Bamiro, José O Lambirote, gaitero, y un cuñado suyo, tamborilero. De A Campara, Alfredo Castro Fariña, gaitero, y sus hermanos José, tamborilero, y Ramón, gaitero. De Cances, José da Viúda (José Collazo Álvarez), gaitero. De Anllóns, Gabriel, O Zoqueiro da Garga, gaitero. De Iñaño, Serafín, gaitero. De Langueirón, Pepe de Langueirón, gaitero que aprendió con Eduardo. De Pedracuca, Lelo do Gaiteiro, tamborilero. Así como el gaitero de Reparada (Vimianzo).

Os Enxebres se convirtieron, por lo tanto, en una verdadera universidad de música popular en la aldea de Neaño, en las tierras de Cabana de Bergantiños. Alboradas, procesiones, sobremesas y meriendas de fiestas y romerías de buena parte de Galicia conocieron las melodías de Os Enxebres de Neaño.

En A Coruña, Eduardo do Menucho compartió escenario con Marinita de la Peña, y también fue un habitual en las fiestas de María Pita. En San Xoán de Carballo competían con las bandas de música de Gamallos. En el Santiaguiño do Monte, en Padrón, los gaiteros de Neaño eran los únicos que cantaban.